2. Memoria escrita

Te escribo cada noche, por si alguna vez me olvido de tu nombre, por si alguna vez, en un arranque de desesperada locura, tu rostro ya no pudiese ver. Te escribo cada noche impulsado por el miedo de perderte, para que pueda volver encontrarte, para nunca dejar de mirarte. Te escribo porque es la única manera que tengo de mirarte sin tenerte de frente, de tocarte sin mancillarte; de ser, aunque sea un instante, un poco menos desdichado. Desdichado por no tenerte, desdichado por no poder dejar de amarte tan fuertemente en la cercanía, y tan tristemente en la distancia. Te escribo por si algún día ya no vuelves, por si despierto y, en mi tan ruin tormento, ya no estás presente. Por si al mirar por la ventana tu silueta ya no me cautiva, por si al cruzar por el pasillo tu olor ya no me encuentre, por si al correr por el estudio tan sólo tropiezo con el recuerdo de tus pinceles. Entonces mi llanto se volverá mi tinta, y sobre el papel escribiré tu nombre y te diré: “Te escribo para no dejar nunca de amarte, y te escribiré todas las noches por si un día vuelves.” A.l Tagore

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