Blog Abierto - Arte Independiente

El antipático invierno trae consigo el consuelo del fuego

El hogar, el fuego del hogar, hace crepitar los leños como dientes pardos apretándose conteniendo una bronca.



Se acercan manos, se frotan, se buscan. Ropas húmedas que la intemperie aireó sin secar son buenamente arrimadas a subsanar aquel fracaso. Medias y botas que empapó un aguacero, se asemejan a odres henchidos de lágrimas; y se vacían, también esas almitas que escurre Dios para que no se frunzan.

Así está afuera, así la noche, plañendo a baldazos, escupiendo pedazos de cielo con un salivar espeso.

Así está adentro: llamaradas rojas, amarillas, azules. Calores que ascienden en bocanadas humeantes y la chimenea que exhala en constancia denodada. Grises vahos. Plomizas columnas envalentonadas ascendiendo sobre la monótona lluvia.Adentro hay presagio de cofradía, de reunión secreta, de quien cuenta historias y desempolva recuerdos para pasar la noche, quizás pretendiendo un arte divino, la evocación de lo que habita un ámbito inaccesible: El ayer. Los ayeres. El pasado. Los pasados. Polvoriento es veraz análogo de aquellos.

Una foto pasa de mano en mano. Se intenta adivinar el nombre del fulano estampado en la lámina sepia, procedencia, ocasión y época. Nadie sabe con exactitud cuál es la anécdota que guarda, cuál el misterio. De mano en mano pasa la foto sepia hasta el pequeño junto al hogar que reclama como si su fuego fuera el juez y ejecutante de alguna vieja contienda. Se escapa la foto de los deditos del niño, como si no pudieran contener tanto peso y flota dibujando un bucle su descenso al fuego, no al fuego en realidad, sino al olvido, que se parece, a veces, a un agujero devorador, pero mucho más a cenizas, inexactos fragmentos del caprichoso tiempo.

Lucas Damián Cortiana

@Lucas Damián Cortiana