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El entrenamiento (2da parte)

Entre Ciro y Juliana sacaron a los niños, que se cubrieron la cara para protegerse de la luz intensa que los deslumbró. —¿Quién los metió aquí? —inquirió Claudio. —No lo sé —respondió uno de ellos, aún con la cara cubierta con sus manos—. Yo fui a comprar una nieve a un carrito y cuando desperté ya estaba aquí. —Yo igual —contestó otro. —Yo ni siquiera me acuerdo —dijo el último. —Vámonos de aquí —sugirió Patricia. Cuando quisieron recorrer el camino de regreso notaron que todo estaba cambiado: las paredes estaban en otra posición y los pasillos les eran desconocidos; había algo que no encajaba. Uno de los niños se desmayó y Juliana se detuvo para ayudarlo mientras Claudio y Patricia fueron a inspeccionar, pero cuando regresaron ya no estaban ni el niño ni ella, habían desaparecido y Ciro y los otros niños no supieron dar razón. «¿Habrán encontrado alguna otra salida?» —se preguntó Claudio—. Sigan por el pasillo izquierdo —les ordenó—. Yo voy a revisar por acá, para ver si los encuentro. Saquen a los otros de aquí y llévenlos a donde está el maestro. Yo iré enseguida. Ciro y Patricia apoyaron a los otros dos niños sobre sus hombros y continuaron. Cuando llegaron a la pared que debían escalar, Patricia bajó primero para poder recibirlos. —Pásame el primero —gritó en cuanto llegó abajo—. Vamos, pásamelo. No hubo respuesta. »Ciro, ¿qué estas esperando?, pásame al primero —insistió. Al ver que seguía sin respuesta, Patricia subió de nuevo para averiguar qué era lo que pasaba, pero no encontró a nadie y comenzó a sospechar de las supuestas víctimas. Ya eran dos compañeros perdidos y precisamente cuando estaban a solas. ¿Quiénes eran esos niños?, ¿en realidad los habían secuestrado?, ¿formaban parte de alguna especie de prueba?, ¿en dónde estaban? Regresó a buscarlos, pero en todo el camino se fue alerta, tratando de localizar algún escondite, trampa o pasadizo por donde pudieran habérselos llevado. Palpó las paredes, los techos y aún los pisos con todo detenimiento hasta que por fin encontró una entrada camuflada en el piso que la llevó a dentro de un edificio con tubos por todas partes; se desplazó entre ellos como una gimnasta hasta llegar al otro lado. ¿Qué era aquel lugar? ¿Cómo pudieron mover a sus compañeros por ahí, si es que iban en contra de su voluntad? Todo le parecía ilógico. Se detuvo a reflexionar por un momento: si estaban entrenados, ¿cómo los atraparon tan fácil? Si los otros niños se veían débiles y sedientos, ¿cómo cargaron con ellos? ¿Y si había alguien más involucrado? ¿Y si los captores regresaron por ellos y también atraparon a sus amigos? Pero, ¿cómo?, ¿por dónde entraron? Eran demasiadas preguntas y no se podía quedar con los brazos cruzados. Con mucha precaución, continuó investigando el lugar; pero era obvio que por ahí no se habían ido. Debía encontrarlos lo antes posible. Continuará…