Mirando hacia afuera

Actualizado: 16 feb

En la llanura de las altas montañas, vivía un importante cazador de talentos, altruista y ventajoso, lo cual le permitía tener bajo su dominio a muchas criaturas que formaban parte de un circo. Cierto día, caminando por los caminos de aquella llanura, llegó a la entrada de un bosque, de donde provenían muchos sonidos y sollozos, lo cual le generó mucha intriga. Se adentró en el bosque y tras caminar largo rato, se encontró con lo que parecía ser una joven envuelta en una manta con capucha. Se acercó suavemente, al no comprender porqué de ella se desprendían tantos sonidos y al posicionarse detrás de ella y tocar lo que parecía ser su hombro, su asombro fue estridente. Quien volteó a mirarlo era una joven con su rostro totalmente deformado y con una hermana gemela que se desprendía de ella cómo un ente que no accionaba por si misma. Su hermana había muerto y ella era la que seguía, cómo suele suceder con la mayoría de estos casos. La tomo en sus brazos y la llevo a su vivienda, llamó a un medico que al verla se horrorizó, pero a quien se le ordenó quitar del cuerpo de la joven a su hermana fallecida. Cuando la joven se recuperó, su rostro cambió por completo y comenzó a ver a aquel hombre cómo un sujeto bondadoso y lleno de amor, pues es lo que le transmitía. Cierto día, este cazador de talentos salió de su casa a caminar, y la joven aprovechó para desafiar la única orden que tenía: no bajar al sótano, por más que escuchase lo que escuchase. Abrió el candado, la puerta y bajó las escaleras muy de a poco, hasta encontrarse con un ambiente aterrador. Jaulas en donde había innumerables criaturas deformadas, muchas de ellas, seres humanos con anomalías. Cuando ella se acercó para intentar ayudarlos y abrir los candados de sus jaulas, ellos en un solo grito le negaron esa opción. Estaban tan acostumbrados a vivir de esa manera que no se imaginaban otra forma de vida, y aunque ella intentó explicarles que afuera podían vivir libres y de otra forma, ninguno accedió. Todos estaban seguros que afueran serian solo fenómenos discriminados por una sociedad estandarizada. Fue allí que ella comprendió. Los dejó solos nuevamente y subió delicadamente las escaleras, cerró la puerta nuevamente con candado y se apresuró a armar una maleta con lo poco que tenia. Mientras la joven realizaba dicha acción, llegó el cazatalentos y notó que ella se iba, por lo que quedó atónito, sin entender qué pasaba. Ante su interrogante, la joven le dijo que no podía quedarse a vivir con un monstruo y el cayó de rodillas rompiendo en llanto, rogándole que no lo dejara. Ella intentó explicarle que su forma de actuar con aquellas criaturas no era la adecuada, pero él insistía en el mismo discurso de ellos: ¿Qué seria de ellos fuera de ese sótano en una ciudad donde todos los discriminarían? Ella lo miró con empatía, acarició su rostro suavemente y le dijo: “¿no te das cuenta que sos igual a ellos? Vives lejos de la ciudad para que nadie vea lo que eres realmente, y a la única que le permitiste verte, te aferraste con una dependencia emocional tal, que no concibes la vida sin mi presencia… dime… ¿para qué quieres que me quede?” él la miró dulcemente y con total temor, susurrándole que no lo deje. Sin embargo, ella no soportó que él no quisiera cambiar y ver lo que sucedía a su alrededor y a él mismo, por lo cual besó su frente cómo una madre que despide a un hijo, tomó su maleta y se dirigió a la puerta. Mientras él la observaba con los ojos llenos de lagrimas y su rostro casi deformado de tanto llorar, ella volteó para mirarlo por ultima vez, y fue allí que se dio cuenta que así había sido su interior toda su vida, y que hoy, por fin tenia libertad. Cerró la puerta y caminó hacia la ciudad, siendo una persona diferente y viendo que el mundo era distinto desde que ella había modificado su propio interior y dejado atrás todo aquello que le había sucedido, mas allá de que no había podido cambiar al entorno que había sido suyo por largo tiempo. Fin

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