Uno en el otro

¿Qué sucede cuando, luego de un tiempo, notamos la indiferencia de nuestro alrededor, cuando nos sentimos tan vacíos, tan inertes, tan caóticamente muertos en la vida misma sonrientes? Decimos y festejamos cada día de nuestras vidas como un nuevo comienzo, pero nadie se pone a pensar conscientemente que cada segundo es un nuevo comienzo porque sufrimos pequeñas muertes que nos hacen desprendernos de algo, que duele, que angustia, o alegra. Nadie es feliz todo el tiempo, pero... esos momentos felices mueren, son instantes, que se evaporan luego de permitirse ser sentido. Entonces... ¿porqué nos decimos que estamos solos? Si en cada muerte estamos acompañados de suspiros, de algún amigo, de un/a compañero/a, de algún familiar, de una mascota, de algún amante, de un sueño, de una pasión, de un dolor, o de alguien que esperábamos y no está. Pero sí estuvo, porque nos generó esa expectativa, esa presencia cautiva en nuestro propio ser, porque el otro es uno mismo, que se introyecta y se proyecta para esperar de él lo que anhelamos.

Y es que... ¿será que, tal vez, estamos solos de verdad? Nacemos de alguien, provenimos de otro ser, con quien nos construimos, y vamos construyendo nuestra integridad, nuestros valores, nuestra personalidad, nuestra mente y sentimientos con quienes nos rodean, para bien o para mal, entonces, está solo el que no está con nadie porque así lo eligió, porque el ser ermitaño, muchas veces, es una elección. ¿Y si probáramos, tan solo un segundo, en mirar al otro, al que está enfrente, al que nos habla y fingimos escuchar pero en realidad, no sabemos siquiera lo que dijo? ¿Qué pasaría si, de repente, eso que sentimos es lo mismo que hacemos nosotros? ¿Qué sucedería si, de golpe, nos damos cuenta, tomamos consciencia, e intentamos cambiar? Notaremos que si le sonreímos sutilmente a alguien con un saludo al ingresar a un lugar, nos devolverán lo mismo, o tal vez no, pero ya no depende de nosotros, sino de un otro que es diferente a uno, pero a la vez tan igual, que quizás esté atravesado por los mismos miedos, la misma inconsciencia, la misma carencia y el mismo dolor.

Entonces... ¿por qué mirar de reojo al otro, criticarlo, y sentirnos mal, solos e ignorados, si no miramos nuestra propia conducta ni la modificamos? No se, me pregunto...

123 visualizaciones0 comentarios